Depresión: qué es, síntomas y tratamiento

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En la sociedad de la cual formamos parte hay una destacable confusión sobre la utilización que le ofrecemos a la palabra depresión. A nivel de la calle se usa como sinónimo de tristeza. A nivel de doctores, psicólogos y psiquiatras, el criterio de depresión está muy claro y tiene relación a un trastorno del estado de arrojo recurrente y que implica un enorme padecimiento para el tolerante.

💡 Tabla de Contenido
  1. Depresión. Significado.
  2. ¿Depresión o tristeza?
  3. Depresión. Criterio y definición.
  4. ¿Qué es la depresión?
  5. Causas de la depresión.
  6. Epidemiología de la depresión.
  7. La depresión por medio de la historia.
  8. Historia de la Depresión.
    1. Neolítico.
    2. Los egipcios.
    3. Hititas y judíos.
    4. La vieja China.
    5. Hipócrates y la teoría de los humores.
    6. Edad Media.
    7. Medicina árabe.
    8. El Renacimiento.
    9. De la Ilustración al siglo XX.
  9. Depresión. Síntomas.
  10. Clases de trastornos del estado de arrojo.
  11. Diagnóstico de depresión más grande.
  12. Diagnóstico del trastorno distímico o Distimia.
  13. Riesgo de suicidio.
  14. Tratamiento de la depresión.

Depresión. Significado.

La palabra “depresión” se refiere a un trastorno emocional, que hace en la persona tristeza y desgana. Se sigue de un malestar interior y hace adversidades para tener relaciones con el ámbito.

Su origen etimológico procede de los vocablos latinos “depressio” (opresión, abatimiento) y “depressus” (abatido o derribado).

¿Depresión o tristeza?

A nivel de la calle, el ciudadano usa indiscriminadamente la palabra depresión, frecuentemente como sinónimo de pena o tristeza. En los últimos 30 años el vocablo depresión se fué haciendo conocido y también banalizando. No es extraño oír: “Hoy tengo la depre” o “Estoy un poco depre”.

Seguramente, esto sea gracias a que no está popular “estar triste”. En nuestra cultura estar triste se ve como señal de abatimiento y debilidad. Por esto, con continuidad, recurrimos a eufemismos, en vez de llamar a determinados sentimientos, como la tristeza, por su nombre.

La tristeza es un sentimiento fisiológico habitual, propio de los humanos. No es sinónimo de depresión. La depresión es una variación del estado de arrojo, que va muchísimo más allá de estar triste a lo largo de unos días por algún inconveniente diario.

La depresión es muy recurrente en la sociedad de la cual formamos parte.

Depresión. Criterio y definición.

Desde el criterio médico, el vocablo depresión tiene relación a un trastorno del estado de arrojo, que se destaca por sentimientos de desesperanza, infelicidad, vacío, soledad, decaimiento y responsabilidad. No es extraño que aparezcan ideas autodestructibles.

El enfermo con depresión no es con la capacidad de gozar de los sentimientos cotidianos, se siente vacío. Los hechos no causan en él, ninguna oposición emocional. Este estado se conoce como “anhedonia” y es característico de la depresión. Varios pacientes depresivos, muestran paralelamente indicios de ansiedad.

En la literatura médica el vocablo depresión es propuesto por los psiquiatras de finales del siglo XIX para sustituir al término “melancolía” (bilis negra) que por el momento sobrevivía desde que fue descrita por Hipócrates en el siglo IV antes de Cristo

¿Qué es la depresión?

Pero ¿qué es verdaderamente la depresión? La depresión es una variación psicobiológica producida por un fallo de las construcciones y los neurotransmisores cerebrales, que se dedican a regular las emociones, la memoria, la actividad motora y cognitiva y el estado anímico.

En el hombre, cada emoción se halla íntimamente relacionada con zonas y núcleos cerebrales particulares. Tienen particular importancia en el procesamiento de las emociones el lóbulo de adelante y el sistema límbico.

Por medio de las modernas técnicas de neuroimagen tenemos la posibilidad de estudiar, en el hombre habitual, que superficies cerebrales se activan, frente la perspectiva de imágenes que desarrollan simpatía, íra, amor, odio, tristeza o alegría. Tenemos la posibilidad de de esta forma modificar una clase de mapa cerebral, que nos enseña que zonas son activadas por cada emoción específica.

Estas mismas técnicas utilizadas en el enfermo con depresión, nos detallan estas mismas superficies, apagadas, sin actividad. Las modernas técnicas de imagen traducen el estado de anhedonia en una clase de mapa en blanco y negro, en lugar del colorido dibujo del cerebro de la persona sana.

Tenemos la posibilidad de deducir diciendo, que en el enfermo depresivo no se destaca la tristeza, sino la carencia de sentimientos y respuestas sentimentales frente estímulos ambientales.

La actividad cerebral está modificada en la depresión

Causas de la depresión.

El origen de la depresión no es popular, más allá de que se sabe que puede estar condicionado por distintos causantes. No hay un exclusivo aspecto esencial, sino que la aparición de la patología, dependería de la suma de numerosos de estos causantes:

  • Factores dependientes de la personalidad del enfermo: Algunos aspectos de carácter tienen la posibilidad de accionar como causantes que predisponen a sufrir depresión: la autocrítica excesiva, la inseguridad, el perfeccionismo exagerado, la dependencia y la hipocondría.
  • Factores del ámbito: inconvenientes de salud, familiares, baratos, laborales.
  • Alteraciones cerebrales sin lesiones visibles en el sector de adelante y el sistema límbico. Hay una variación servible en las neuronas de estas zonas cerebrales.
  • Alteración de los neurotransmisores cerebrales. Los neurotransmisores son las sustancias químicas que comunican entre sí a las neuronas cerebrales. En el enfermo depresivo, se ve existir una variación de estas sustancias: serotonina, noradrenalina y dopamina.
  • Factores de los genes: La depresión es más recurrentes en pacientes con antecedentes familiares de depresión. A este respecto se han reconocido varios genes que tienen la posibilidad de predisponer al padecimiento de la depresión.
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Epidemiología de la depresión.

La depresión es la más recurrente de las patologías psiquiátricas. Dos de cada diez personas padecerán en algún instante de su historia un cuadro depresivo. Es muchísimo más recurrente en las mujeres, ya que de cada diez pacientes depresivos, siete son mujeres.

La depresión origina un número muy alto de bajas laborales y de incapacidad, y su incidencia como grave inconveniente popular incrementa todos los días. La OMS cree que en 2020 la depresión va a ser la segunda patología más incapacitante. La depresión perjudica a todas las etnias y ha acompañado al hombre en todas las épocas.

La depresión por medio de la historia.

Sin importar su enorme trascendencia popular, la depresión no es una patología novedosa, específica de la sociedad de la cual formamos parte. La depresión estuvo presente a lo extenso la historia y el hombre intentó de combatirla con diferentes procedimientos y desigual fortuna.

Los antidepresivos son los medicamentos usados para el régimen de la depresión. Hay un profundo cambio en la crónica de la depresión, que viene marcado por el hallazgo de la iproniazida, el primer antidepresivo, que comenzó a utilizarse clínicamente en 1957.

Entonces vamos a hacer una ojeada de la crónica de la depresión desde el neolítico hasta la aparición de los antidepresivos, ya que éstos van a ser tratados con más datos en otro capítulo.

Historia de la Depresión.

Neolítico.

Los primeros vestigios sobre la presencia de la depresión en la antigüedad tienen bastante más de cinco mil años. Hablamos de una chiquita escultura, popular como “El Dios Melancólico”, y almacena muy parecido con la popular obra “El Pensador de Rodin”. Por esto, además es popular como el “Pensador de Hamangia”. La figura se ajusta a la etapa neolítica y exhibe a un dios con una profunda actitud de tristeza. Hemos de sospechar, que los enfermos de depresión, realizaban sacrificios a este dios asegurador, intentando encontrar su curación.

Los egipcios.

Los egipcios (2000 a.C.) usaban diferentes términos para referirse a la depresión: “Fiebre del corazón” y “Corazón seco”. Los antiguos egipcios, ubicaban en el corazón la parte anímica o psíquica de la persona. La patología para ellos poseía un carácter sagrado o mágico.

Es popular un caso de depresión, que hace aparición documentado en un texto de la época: “Diálogo del atormentado con su alma”. En él, un hombre deprimido cuenta su pesimismo y su sufrimiento:

“Mi alma se indigna contra mí, porque no la he escuchado y porque me arrastró hacia la desaparición antes de llegar el tiempo y me lanzó al fuego”.

El régimen de la depresión en el obsoleto Egipto, consistía en una clase de terapia del sueño. El depresivo pasaba un día en el templo, se le daban hierbas medicinales y sustancias que le inducían el sueño. Entonces los curas interpretaban las visiones y los sueños del tolerante. A estas interpretaciones, se le sumaban ocupaciones terapéuticas, como la danza, la pintura o la música.

Gozaron de una enorme popularidad en la etapa, algunos santuarios usados para el régimen de los trastornos mentales, como el templo de Philae y el de Imhotep, en la localidad de Menfis.

Hititas y judíos.

Los hititas usaban un ritual espiritual para combatir contra la depresión y la desesperanza. El enfermo se daba un baño nocturno, se afeitaba todo el cuerpo, se purificaba con ungüentos, y brindaba comestibles dentro de un círculo mágico.

Los judíos aluden a la depresión en numerosos de los libros de la Biblia (Job, Lamentaciones y el libro de los Salmos). Para ellos el origen de la patología depresiva es el pecado y la curación sólo puede venir dada por Dios.

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La vieja China.

Para los chinos, la depresión era producida por un calentamiento elevado de la sangre. Esto originaba una variación del meridiano del corazón, o una obstrucción de los canales de energía del hígado, del bazo o del riñón. Estos canales de energía eran populares como “Chi”.

La variación del meridiano del corazón o la obstrucción del “Chi” se manifestaba con apariencia de indicios depresivos e insomnio. Usaban, como régimen, un bebedizo compuesto de nueve plantas medicinales, llamado “Jia Wei Xao Yao Wan”. Algunos de sus elementos eran el rábano, el jazmín y la menta.

Estas teorías, sobre el origen de la depresión, se muestran agarradas en el libro “Clásico de Medicina del Emperador Amarillo”, escrito hace 2.300 años.

Hipócrates llamaba melancolía a la depresión.

Hipócrates y la teoría de los humores.

Para los griegos la patología es el resultado de la variación de alguno de los 4 humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra). El precursor de esta “teoría humoral” fue Empédocles (siglo V a.C.), aunque con Hipócrates (460-377 a.C.), llegó a su auge.

Para Hipócrates la variación de estos humores produce 4 temperamentos: colérico, flemático, sanguíneo y melancólico. La melancolía (así llamaba a la depresión) sería una variación de la bilis negra. Para Hipócrates el melancólico es sensible, pasivo y pesimista.

El régimen radica en la expulsión del exceso de humor (o “crisis”) en el instante correcto, por medio del sudor, la orina, las heces o los vómitos. Era misión del médico ocasionar la expulsión de los pésimos humores en el instante “crítico” por medio de la aplicación de hierbas o medicamentos.

Edad Media.

La teoría de los humores y el criterio de melancolía, persistirán hasta el siglo XVII. En la etapa medieval, el vocablo “Melancolía” convive con el de “Acedía”. Este vocablo fue propuesto por un monje, Jean Cassien, en su libro “Sobre el espíritu de la tristeza” (siglo V). Para Cassien, la acedía es sinónimo de angustia o tristeza, y cree que es una patología producida por la falta de la fe en Dios. El régimen es la oración para recobrar la fe.

Medicina árabe.

La medicina árabe piensa un considerable avance. En el siglo X, el médico árabe Isaac ibn Imram, redacta en su libro “Tratado de la Melancolía” que la patología es un trastorno del espíritu, no del cuerpo, y ejecuta una especificación de la depresión y sus indicios, muy semejante a la usada en la actualidad.

Ofrece tratamientos medicinales y una rudimentaria psicoterapia. Otro médico de Bagdad, amplió esta psicoterapia, detallando lo favorable de evadir ocupaciones ociosas y la necesidad de hablar con personas juiciosas.

El Renacimiento.

El Renacimiento contribuye escasas noticias, ya que las teorías humorales de Hipócrates se intercalan con la concepción planetaria y el estudio del firmamento. Para los doctores renacentistas el “melancholicus” es un individuo influida por el planeta Saturno. Piensan que melancólico y saturnino son sinónimos.

En el siglo XVI, se aprecia una marcada predominancia religiosa en la medicina. Pedro de Mercado en su libro “De Melancolía” asegura que es el teólogo quien debe hacer un diagnostico la melancolía.

De la Ilustración al siglo XX.

Con la llegada de la Ilustración, en el siglo XVIII, empieza una etapa de modernización y avance científico. Juan Bautista Helmont inicia la química actualizada y desmantela la teoría hipocrática de los humores.

En el siglo XIX, Esquirol, psiquiatra francés, define la melancolía y la manía como patologías mentales independientes.

A inicios del siglo XX, Emil Kraepelin detalla la psicosis maniaco depresiva, hoy popular como trastorno bipolar, y reemplaza el vocablo melancolía por el de depresión.

No hay que confundir la tristeza con la depresión.

Depresión. Síntomas.

Los primordiales indicios que logramos hallar en el tolerante depresivo son:

  • Sentimientos de tristeza patológica, anhedonia o vacío, mantenidos en el tiempo.
  • Pesimismo, soledad y desesperanza.
  • Ideas de culpa, ruina, inutilidad o patología.
  • Inquietud, mal humor, irritabilidad.
  • Pérdida de interés en las ocupaciones diarias. Dejan de gozar con sus hobbys. Pierden la ilusión por todo lo que antes les motivaba.
  • Falta de interés en las relaciones sexuales.
  • Cansancio, abatimiento, falta de energía.
  • Dificultad para elegir.
  • Falta de concentración.
  • Pérdida de memoria. No recuerdan los datos.
  • Alteración en el sueño, que puede mostrarse como contrariedad para comenzar el sueño, o bien se despiertan muy próximamente y por el momento no tienen la posibilidad de reanudar el sueño.
  • En otras oportunidades existe somnolencia y se pasan todo el día durmiendo.
  • Ideación suicida, que puede conllevar formas de proceder autodestructibles o intentos de suicidio.
  • Alteración en la ingesta, bien como anorexia o comiendo en exceso.
  • Síntomas físicos: cefaleas, palpitaciones, dolores abdominales.
  • Es muy recurrente la organización de la depresión con la ansiedad, logrando mostrarse algún síntoma derivado de la ansiedad.
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Clases de trastornos del estado de arrojo.

Clásicamente se establecen tres tipos de trastornos del ánimo:

Depresión más grande: Los indicios depresivos son muy intensos y se muestran con apariencia de brotes de duración variable (meses).

Trastorno bipolar donde se alternan periodos de depresión con periodos maniacos.

Distimia: Los indicios depresivos son más leves pero más duraderos en el tiempo (al menos dos años).

Todavía tendríamos la posibilidad de comentar de un cuarto tipo que es el trastorno adaptativo, donde los indicios son leves, y fueron causados por un inconveniente agotador preciso y puntual. Por lo general ceden en breve.

Aquí nos centraremos en los trastornos de tipo depresivo y vamos a dejar ajeno los trastornos bipolares por tratarse de una entidad psiquiátrica con diferente sintomatología y abordaje terapéutico.

Diagnóstico de depresión más grande.

Para llegar al diagnóstico de depresión más grande se requiere que se cumplan, a lo largo de bastante más de dos semanas, cinco de los próximos síntomas:

  1. Animo depresivo durante todo el día (se siente triste o vacío, o bien está llorando frecuentemente).
  2. Pérdida de interés por todo lo que le ilusionaba previamente, a lo largo de parte importante del día.

Uno de estos dos criterios debe estar presente forzosamente para llegar al diagnóstico de depresión más grande.

  1. Bruscos cambios del peso y/o del apetito
  2. Insomnio o sueño elevado durante todo el día
  3. Inquietud o inhibición psicomotora.
  4. Fatiga durante todo el día.
  5. Sentimientos injustificados de inutilidad, de culpa y en ocasiones de ruina o patología.
  6. Pérdida de concentración, enorme indecisión a lo largo de todo el día.

El depresivo se siente triste o vacío de sentimientos (anhedonia).

Diagnóstico del trastorno distímico o Distimia.

A) Estado de arrojo depresivo, a lo largo de en todo momento, mantenido a lo largo de dos años.

B) Presencia de por lo menos de dos de estos indicios:

  1. Pérdida o incremento de apetito
  2. Insomnio o sueño excesivo
  3. Falta de energía
  4. Baja autoestima
  5. Falta de concentración
  6. Sentimientos de desesperanza
  7. Durante dos años, el tolerante no estuvo jamás bastante más de dos meses sin indicios del tipo A y B.
  8. Los indicios originan un deterioro familiar, laboral o popular importante.

Riesgo de suicidio.

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Frente un tolerante depresivo siempre hay que estar alerta frente la oportunidad de un intento de suicidio. Los pacientes depresivos acostumbran tener una sucesión de pensamientos monótonos y recurrentes alrededor de la culpabilidad, la ruina, la patología o la baja autovaloración.

Los pensamientos auto destructibles son recurrentes en los depresivos y son una señal de atención urgente.

Estas ideas autodestructibles tienen la posibilidad de cambiar en intensidad y tienen la posibilidad de ir desde el fantaseo sobre lo que pasaría si el tolerante muriese hasta el acto suicida consumado.

Generalmente el viable suicida nos ofrece siempre pistas sobre sus pretensiones, ya que no es tanto terminar con su historia lo que busca, sino salir de una circunstancia que le resulta insufrible, y en ese contexto el suicidio le se ve la preferible salida.

En este atrayente artículo se hace una extensa revisión de los causantes asociados al compromiso de suicidio.

Son indicadores que nos tienen que poner en alerta:

  1. Verbalizar fantasías, ideas o proyectos autodestructibles.
  2. Dejar notas escritas por el tolerante donde cuenta que piensa quitarse la vida.
  3. Cuando hay una prueba clara de que el tolerante tiene una depresión grave
  4. Un intento fallido de suicidio reciente.

Frente estos indicios de alarma extrema es aconsejable derivar de manera directa al tolerante de manera urgente a los servicios psiquiátricos y en varios casos llegar al internamiento hospitalario.

Ser negligente en estas ocasiones puede ocasionar una muerte que se podría haber evitado.

El suicidio por sobredosis de medicamentos es muy recurrente.

Tratamiento de la depresión.

El régimen precoz de la depresión es primordial y debe ser abordado en su doble vertiente farmacológica y psicológica. En relación del tipo de trastorno depresivo del tolerante, tiene la posibilidad de tener más peso la psicoterapia o el régimen farmacológico.

Dada la consideración y características del régimen de la depresión se va a tratar en otro capítulo: Los antidepresivos. Régimen de la depresión.

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