Disposofobia o trastorno de acumulación compulsiva

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En el ámbito científico, en los últimos 10 años se ha producido un florecimiento exponencial de los estudios sobre la disfobia o disposofobia (conocida clínicamente como trastorno de acaparamiento o acumulación compulsiva) hasta ahora considerada como una manifestación secundaria de otros trastornos (en particular el Trastorno Obsesivo Compulsivo o el Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad).

El resultado de esta actividad de investigación desarrollada en diferentes áreas (neurociencia, estudios genéticos, estudios sobre terapias, etc.) ha aportado a los clínicos nuevos elementos de comprensión sobre la peculiar naturaleza del trastorno y la creación en el nuevo "Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales" (DSM-V) de una categoría específica denominada "Trastorno de acaparamiento" con sus propios criterios diagnósticos.

Sin duda, esto debe considerarse un paso importante que promoverá tanto el desarrollo de la investigación como el de los tratamientos, aprovechando una situación ya establecida en el conocimiento clínico. Por otra parte, incluso para los no expertos, el término acaparamiento ha empezado a entrar en el vocabulario común debido principalmente al éxito de algunas series de televisión, producidas en Estados Unidos y retransmitidas en España y resto de Europa (como "Hoarders" y "Buried Alive") que, aunque simplifican el problema, han elevado el nivel de conciencia general sobre el tema.

El término "Dispofobia" de uso común no es del todo correcto, ya que por un lado se refiere al concepto de Fobia que no se puede aplicar a este trastorno y por otro lado capta sólo el aspecto de la dificultad para deshacerse de "cosas" sin captar el aspecto de la acumulación. Por otro lado, el término Acaparamiento no es fácil de traducir, por lo que se han desarrollado una serie de etiquetas que identifican el trastorno pero que por diferentes razones son reductoras o engañosas (Sillogomanía, Acaparamiento Compulsivo, Acaparamiento Patológico, Mentalidad Messie, Síndrome de Collyer); en este sitio utilizaremos el término Trastorno Dispositivo no tanto por su corrección como por su difusión en el ámbito no clínico. En los próximos posts recorreremos el camino hecho hasta ahora para el reconocimiento del trastorno, su inclusión en el DSM-V, las bases de este reconocimiento (en particular las genéticas y neurobiológicas muy interesantes), las perspectivas de estudio hacia hipótesis causales de tipo traumático y obviamente las posibilidades de tratamiento.

En España la disfobia como manifestación clínica es a menudo ignorada o subestimada considerando que de vez en cuando

  • un aspecto que caracteriza a otro trastorno
  • un aspecto secundario a otros trastornos (depresión, ansiedad, demencia)
  • una expresión de pereza, tacañería, desorden, etc.
  • un rasgo de carácter un poco excéntrico pero básicamente inofensivo

Es cierto que muchas condiciones pueden producir conductas de acumulación pero también es cierto que la investigación desde hace al menos una década ya permite discriminar un perfil sustancialmente disfóbico de uno secundario a otras enfermedades o en combinación con otras enfermedades. En este sentido, su reconocimiento formal contribuirá a que se preste más atención a la inclusión en la evaluación de los casos de elementos de investigación sobre este aspecto, a menudo altamente discapacitante.

Veamos algunos aspectos esenciales que caracterizan a la disposofobia. Básicamente se trata de un patrón de comportamiento caracterizado por la incapacidad de eliminar cualquier cosa de los espacios en los que se vive (casa, coche, oficina, etc.) a veces acompañada de la adquisición excesiva de objetos por su carácter de "ganga" o "stock".

Esto crea un desequilibrio entre el material que "sale" (casi nada / nada) y lo que "entra" porque se compra o se recoge alrededor (folletos, paquetes de azúcar, periódicos, ropa, comida, en algunos casos animales). Con el tiempo, esto determina la progresiva ocupación de todos los espacios disponibles, incluidos los vitales para cocinar, dormir y lavarse, lo que en última instancia conduce a la incapacidad de llevar a cabo las actividades diarias normales. La gravedad del comportamiento de acumulación puede evaluarse con diferentes escalas. Este mecanismo conduce a un círculo vicioso con graves consecuencias para la persona y su familia.

El hogar deja progresivamente de ser apto para desempeñar sus funciones, se produce una reducción y a veces un colapso del funcionamiento laboral y social. A menudo, los problemas económicos surgen debido a un gasto excesivo, a la falta de ingresos o a la falta de gestión del propio patrimonio. Hay un aislamiento progresivo e incluso las relaciones con los miembros de la familia se vuelven cada vez más difíciles, a menudo caracterizadas por la ira y la vergüenza. Esto es casi siempre una espiral descendente que conduce, especialmente en la vejez, a más problemas. La persona no acepta que nadie entre en sus ambientes para hacer reparaciones, los espacios se deterioran aún más con graves problemas de higiene, el material acumulado también crea riesgos de caídas e incendios. Esto lleva a situaciones de conflicto con los vecinos. Aunque se trate de un caso extremo, la historia de los hermanos Collyer (el primer caso documentado de acaparamiento, llamado así por el síndrome de Collyer, que en 1947 murieron en su casa de Nueva York bajo 130 toneladas de "cosas") puede dar una idea del dramatismo del trastorno.

Pero si todo esto es causado simplemente por la dificultad de deshacerse de lo acumulado ¿qué es lo que mantiene el desorden? Esencialmente se trata de aspectos disfuncionales en una o más de estas tres áreas:

1/ Dificultad en algunas funciones básicas (categorización, planificación, toma de decisiones, memoria).

Las personas con trastorno de acaparamiento tienen:

  • dificultad para clasificar sus posesiones (por ejemplo, para decidir qué es valioso y qué no)
  • dificultad para tomar decisiones sobre qué hacer con esas posesiones
  • dificultad para recordar dónde están las cosas (a menudo quieren tener todo a la vista para no olvidarlo)

2/ Ideas particulares sobre las posesiones propias

Aquellos con trastorno de acaparamiento:

  • siente un fuerte apego emocional a sus posesiones (por ejemplo, un objeto puede sentirse como único, una parte de la persona o de su historia)
  • se siente responsable de los objetos y a veces piensa que las cosas inanimadas tienen sentimientos
  • siente la necesidad de mantener el control sobre sus posesiones (y por lo tanto no quiere que nadie toque o mueva dichos objetos)
    le preocupa olvidar cosas (y utiliza objetos como recordatorios visuales).

3/ Estrés emocional relacionado con la eliminación

Aquellos con trastorno de acaparamiento:

  • se siente muy ansioso o molesto a la hora de tomar una decisión sobre qué eliminar
  • tiene un rasgo perfeccionista que le lleva a temer tomar una decisión equivocada sobre lo que debe conservar y lo que debe tirar
  • controla sus sentimientos de malestar, evitando iniciar la tarea de eliminación y posponiendo la tarea

En cuanto a la prevalencia del trastorno, numerosos estudios sitúan la disfobia entre el 2 y el 5% de la población general, un porcentaje significativamente mayor que la incidencia de otros trastornos como el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno de pánico y la esquizofrenia. Las tendencias de acaparamiento suelen comenzar durante la infancia o la adolescencia, pero no suelen tener manifestaciones graves hasta la edad adulta.

Las tendencias de acaparamiento suelen darse en familias en las que hay otros trastornos, como la depresión, la ansiedad social, el trastorno bipolar, etc. La mayoría de las personas con acaparamiento compulsivo pueden señalar al menos a otro miembro de la familia con el mismo problema. Los estudios genéticos sugieren que una región del cromosoma 14 está relacionada con el comportamiento de acaparamiento en estas familias.

Una cuestión que tarde o temprano siempre surge al hablar de la disposofobia es cómo determinar el límite entre la normalidad y la patología, teniendo en cuenta además que muchas veces el acumulador vive su trastorno de forma inconsciente. Alguien pregunta: "¿No es la fobia disposicional una forma de coleccionismo extremo?". Todos en alguna etapa de la vida tenemos la sensación de acumular demasiadas cosas y muchos son coleccionistas de algo, pero cuando el trastorno interfiere en la vida laboral, familiar y social de la persona se puede hablar de manifestaciones de importancia clínica en sí mismas suficientes para trazar una demarcación sustancial.

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